Los rollos del Mar Muerto by Edmund Wilson

Los rollos del Mar Muerto by Edmund Wilson

autor:Edmund Wilson [Wilson, Edmund]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Historia
editor: ePubLibre
publicado: 1955-04-15T00:00:00+00:00


IV. EL «PESHER» DE NAHUM

UNO DE los rasgos fascinantes de la biblioteca de Qumrân ha sido una serie de aparentes comentarios sobre algunos de los salmos y textos de los profetas, escritos evidentemente por uno o por varios miembros de la secta, que de hecho son un registro semidisfrazado de los acontecimientos de la historia de la propia secta. Se conocen estos comentarios como pesharim, pues a continuación de cada verso la peculiar interpretación empieza con: «Pishro al…» («Su interpretación se refiere a…»). Cuando por primera vez escribí sobre el asunto, el más extenso de estos comentarios, que se había hallado en la Cueva Uno entre la primera hornada de manuscritos, era el que trataba de Habacuc. Esto estimulaba mucho el interés porque parecía echar luz sobre los antecedentes históricos de los documentos. Ahí aparecen algunas figuras no mencionadas por su nombre, a las que se alude en otros manuscritos: el Maestro de Justicia, el Sacerdote Perverso, el Profeta u Hombre de la Mentira, y el enemigo al que se oponen los esenios, a quien se refieren como Kittim. Este último, de quien se dice que adora a sus águilas y al que, parece, se le identifica de otras maneras, se creía que eran los romanos, que invadieron Palestina en el año 63 a. C. El Maestro de Justicia evidentemente había sido el jefe de la secta; el Sacerdote Perverso y el Hombre de la Mentira quizás eran la misma odiada persona, y Dupont-Sommer la identificó finalmente como el asmoneo Hircano II, quien fue simultáneamente sumo sacerdote de Jerusalén (78-40 a. C.) y rey de los judíos en esa dinastía; es decir, era un descendiente de los macabeos, aquella combativa familia judía que luchó contra los seléucidas, la cual, después de la conquista de judea por Alejandro Magno, sucedió a éste en la posesión de Palestina. Pero era desesperante no saber quiénes eran las personas a las que estas figuras se referían ni conocer con precisión qué había ocurrido.

Luego se rescataron más rollos de otras cuevas, entre ellos el pesher de Nahum, en el cual, según rumores entre los estudiosos de la Biblia —aunque, por otra parte, estos estudiosos habían prometido guardar silencio—, se hacía mención de nombres conocidos históricamente y asomaban importantes revelaciones. Estos nombres aparecieron cuando se publicó en 1956 una de las columnas del texto; resultaron ser Antíoco y Demetrio, aunque del nombre de este último solamente sobrevivieron tres caracteres. John Allegro, joven erudito inglés de la Universidad de Manchester, a quien se había confiado este documento, anunció antes de su publicación que el sacerdote perverso no era Hircano II, sino su padre, Alejandro Janeo, también sumo sacerdote y rey, cuya crueldad para con su propio pueblo registró Josefo. Janeo, creía Allegro, había perseguido a la secta y «tomado por asalto» el monasterio del Mar Muerto, «arrancado al Maestro [de Justicia] y, como ahora nos parece probable, lo había entregado a las tropas gentiles para que lo crucificaran… Pero cuando se hubo marchado el rey judío, y la paz



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